jueves, marzo 26, 2009

Always on your side

Acabo de salir del baño donde me he tenido que encerrar a llorar. No por nada malo. Simplemente estaba leyendo la convocatoria de la protesta contra la matanza de focas que esta tarde hay delante de la embajada de Canadá (17.00 Nuñez de Balboa 35, esquina a Goya. Metro Velázquez) y he acabado leyendo una referencia a Canelo y pinchando, pinchando he llegado a un artículo que Antonio Burgos publicó en 2003 en la web de Hola.
Yo soy así de tonta. Las historias de animales me emocionan, me he puesto a llorar como una magdalena y me he tenido que esconder en el baño. Aquí dejo el artículo.

(Sr. Burgos, no se enfade usted, por favor)

UNA CALLE PARA UN PERRO

Nos vamos civilizando, no somos tan bárbaros ni tan inhumanos. Lo digo por el aprecio a los animales. Si el mítico y legendario Ratón Pérez ya tiene una placa en una calle de Madrid, en Cádiz van a llegar a más: le pondrán a una calle el nombre de un perro. Pero no un perro legendario, de cuento o de tebeo, como Pluto o como los ciento un dálmatas, sino a un perro de verdad. Un perro que con su vida nos dio ejemplo a los hombres: Canelo.

Canelo era un chucho gaditano, noble y leal como los títulos oficiales del escudo de la ciudad trimilenaria. Me parece que Canelo era de la ilustre y distinguida raza del "canis viator gadirensis", esto es, perro callejero gaditano. Para su dueño, como si fuera un "golden retriver" con los que sus dueños presumen, diciendo siempre que son primos o hijos, o nietos de los perros de Don Juan Carlos. Los regios perros de la Zarzuela, desde luego, deben de ser de una fecundidad impresionantes, las perras deben de estar siempre embarazadas y los machos, cubriéndolas. Porque no he visto mayor cantidad de gente que presuma de perro diciéndote que su "golden" es primo del que tiene Su Majestad. Debe de pasar con esto de los perros lo mismo que con el sastre del Rey. Si fuera verdad que el sastre del Rey les cose a todos aquellos petimetres de la nueva corte del dinero y del poder que alardean de tener al mismo alfayate que Su Majestad, el artista de la aguja es que no podría el hombre ni dormir, haciendo tantísimos trajes iguales a los que usa Don Juan Carlos.

Sin linaje regio, Canelo era para su dueño compaña, cariño, antídoto contra la soledad y pretexto para pasear todos los días las calles gaditanas sacándolo a hacer sus cosas. Cuentan que el dueño de Canelo era enfermo renal, y que debía ir cada semana a someterse a diálisis, siempre acompañado por Canelo, que se quedaba a la puerta de la residencia hospitalaria esperando a que le renovaran la sangre a su amo. Hasta que un día, agravada la dolencia, el dueño de Canelo tuvo que ser ingresado. El perro, como solía en las visitas ambulatorias de la diálisis, permaneció en la puerta del hospital, esperando a su dueño. Pero el dueño nunca salió. Al menos por aquella puerta. El dueño de Canelo, ay, salió muerto camino del cementerio, por esa secreta puerta de los tanatorios que suelen tener los hospitales. Como Canelo era noble y leal y los perros no se resisten a aceptar (les pasa como a los humanos) la idea de la muerte de los seres queridos, ¿qué hizo? ¿Volverse a su casa, a la comida segura y al techo en caliente? No. Permaneció en la puerta del hospital, esperando a que saliera su dueño. Pero no un día ni dos, ni semanas, ni meses. Los vecinos de la Avenida y los trabajadores de la residencia sanitaria, sabedores de la lealtad y nobleza del perro, lo adoptaron colectivamente, y el uno le llevaba comida, y el otro le ponía agua, y el otro le daba las caricias del amo que le faltaban. Canelo se hizo popular en Cádiz, salió en el "Diario", vinieron los ingleses de la BBC a hacerle un reportaje y llegó a formar parte, como un personaje popular perruno, de la galería riquísima de los locos gaditanos del viento de levante. Las asociaciones ecologistas lo protegían y hasta una vez lo libraron de la muerte sanitaria y administrativa, pagando un rescate administrativo cuando los laceros se lo llevaron a la perrera municipal, confundiéndolo con un chucho callejero y desconociendo su lealtad ejemplar.

Quince años se ha llevado Canelo viviendo en las cercanías del hospital, siempre esperando a su dueño, hasta que en el pasado mes de diciembre le llegó la misma muerte que a su amo. A Canelo lo atropelló un coche. Naturalmente que el coche de un turista. Ningún conductor de Cádiz, conociendo a Canelo, hubiera dejado de parar su coche para ceder el paso a un ejemplo de sentimientos en forma de perro. La muerte de Canelo fue llorada por todo Cádiz, y hasta el coro "Cine Caleta" le dedicó un tango memorial y memorable, en la solemnidad carnavalesca del Gran Teatro Falla. Ahora, el Ayuntamiento, por iniciativa de grupos vecinales y ecologistas, ha acordado dedicar a Canelo una calle. No una calle cualquiera camino de cualquier parte, sino el mismo callejón cercano al Hospital Puertas del Mar donde se llevó quince años esperando a su amo. Dando ejemplo a los humanos. ¿No se dedican las calles a los héroes, a los personajes ilustres? ¿Por qué no van a ser dedicadas a estos heroicos, ilustres y nobles perros, como Canelo? Poner una calle al perro Canelo es una forma de perpetuar un ejemplo que debería ser imitado por los hombres.



Sheryl Crow. Always on your side (Live)

5 comentarios:

maba dijo...

no me acordaba de la historia de Canelo pero me he acordado..y me alegro un montón de lo de la calle...

el cariño y el desvelo de algunos alumnos nos deja siempre en pañales a los humanos

besos

Dani dijo...

Ains, tas sensible... Es normal, es una historia entrañable. Por lo pronto tuvo la comida y el cariño de todos los que lo adoptaron, y una vida larga de 15 años; eso también hay que valorarlo.

Un besote.

alma máter dijo...

Buff!! qué penita me ha dado.

Un beso.

Montoyica dijo...

Yo tambien me emociono con esas cosas.. ainsss

http://www.lasonrisanordica.com/modules/news/print.php?storyid=141

seguro q la has leido..

VicFirth dijo...

mucho gusto Madame de Chevreuse... ten cuidado con lo de la batería en el coche, yo también lo hago... y se me pira mucho la pinza a veces..

Acojonante la historia de Canelo... yo tengo un perro en coruña que lo echo de menos más de lo que creía... él creo que sigue con la misma vida de antes de comer, dormir y paseos por la playa, así que no creo que me extrañe mucho...y aunque es un Golden Retriever no es ningún pariente lejano de los del Rey.. gracias a dios.

Saludos