
Lo reconozco, había dejado de creer en "la roja" hace años. Ahora me dejo llevar por el éxtasis colectivo y me gusta porque da felicidad. Efímera, pero felicidad al fin y al cabo.
The Beatles. A Day In Life



Vuelvo de mi retiro temporal del blogcindario por un momento porque impepinablemente debo dejar constancia de algo para la posteridad: si mi ducado fuera el mundo real Cinderella estarían reinando como dioses del Olimpo y Shelter Me sería el himno nacional.
Hace varios días que no actualizo el blog y si bien jamás me he tomado esto como una obligación, sí que empieza a importunarme tenerlo tan inactivo. No es que no tenga cosas que decir (el cuerpo me pide una entrada dedicada a ese sinónimo de fracaso deportivo que es el señor presidente del Real Madrid, mal bicho cobarde donde los haya, que va a cortar la enésima cabeza a un entrenador para tapar su cuarto año al frente del club sin títulos).
nes que salían de su alma inquieta (en su web se pueden ver sus estupendas fotografías, traducción a imagen de sus canciones) y, cómo no, metiéndose en todo fregado reivindicativo que encontraba. Algo que, en pleno apogeo Bush, 2004, no era difícil. También puede ser que esté altamente sugestionada con esto de la primavera, que a mí la sangre SÍ me altera, y mucho. Pero para mal. El invierno ha pasado y nada ha variado en mí. Sigo igual que el año pasado, igual que el anterior e igual que el anterior al anterior.
La necesidad de cambiar de piel me acucia y un batallón de majaderías, a cual más descabellada, disputan una batalla en mi cabeza que ríete tú de la de Evermore o la de el Abismo de Helm (que la mitología rockera dice que son la misma). Empiezan a revolotearme pájaros en la cabeza, pero no en plan bucólico. Aquí dentro sólo hay pájaros mareados, borrachos, equivocados totalmente en su rumbo.
Yo, que soy devota de Homer Simpson y sus enseñanzas filosóficas, aplico uno de sus preceptos “si no lo veo no es delito” a esta tormenta: si no hablo de ello, los pájaros se mueren ahí dentro, en mi cabeza.
Entonces, sentada en mi coche, mientras espero a una amiga, agarro la caja del East Carson Street de Joe Grushecky, al que veré el próximo martes, y leo la letra de Chasing Shadows. Joe, hombre sabio, me habla, me recomienda que no pierda el tiempo cazando sombras y me dice que a veces hay que tener fe en una canción. Yo ahora mismo la tengo precisamente en esta. Y en ello estoy.
Veremos la semana que viene, después de que Joe se haya bajado del escenario, si la fe sigue ahí.
Joe Grushecky. Chasing Shadows (hoy no hay vídeo, que el amigo Joe es modesto)
Reeditado: en honor a Lady Maba (por usted la he tecleado) transcribo la letra de la canción... y aclaro. Cuando digo que la primavera me altera para mal no es que esté de bajón ni nada parecido.
Hay quien hace balance de cómo va su vida a primero de año. Yo, que conservo poses de mi época de estudiante, lo hago cuando asoma el buen tiempo... y como esos estudiantes que no han hecho nada durante el curso y empiezan a agobiarse con la proximidad de los exámenes finales, noto que, como cantaba el gran Julio, "la vida sigue igual".
Resultado: Madame, como estudiante al borde de la desesperación, empieza a generar en su cabeza ideas loquísimas y mentecatas, y que por su propio bien, y de la humanidad ahí dentro deben quedarse hsata que se mueran de inanición, sin ni siquiera hablar de ellas porque verbalizarlas sería darles vidilla.
Así que charlo imaginariamente con una canción. Esta, en concreto:
Homenaje en el ducado a un grande entre los grandes: Adriano Celentano, interista dal cuore.
Pensamiento de Madame anoche a las 23.35Vale, es lunes y eso no lo remedia nadie. Pero cuando Madame piensa que la tasa de un examen le va a costar 120 dolorosos eurípides y una persona (con la sana costumbre de leer las cosas con atención, sobre todo las que importan) la avisa de que tiene derecho a un descuento que reduce el precio a 84 €, nada importa. Es un día lleno de felicidad.
The Rolling Stones. Happy (que me lo quitan por copyright...pues pongo otro y además cantado por Keith Richards)
Porque no todo iba ser sufrir, claro, y anoche disfruté como una enana en el concierto en Moby Dick de Nuve Nueve, una banda argentina que hace versiones de Beatles con una clase y una calidad espectacular (como chica que soy, tengo que destacar a la guitarrista y cantante Lucrecia, ¡que presencia en el escenario!).
Ya he mencionado en el ducado mi gran amor por la radio y el hallazgo (y hasta vicio, no tiene el día suficientes horas) que son para mí los podcast que me permiten disfrutar de programas que de otra forma no podría oír, bien por estar concebidos directamente para la red, bien por su lugar de emisión o por su horario.
Después de que el resultado de ayer en Euroliga (probablemente sea engordar para morir pero el disfrute de ayer no me lo quita nadie) pusiera mi nivel de dicha en altísimos niveles, para rematar desde hace una hora soy poseedora de una entrada para el concierto de Cinderella en Madrid el próximo 9 junio. Algo que, sinceramente, creía que nunca llegaría a ver.A lo mejor resulta un poco infantil pero a mí estas cosas me dan la vida, así que me ne frega. Hoy soy una tipa feliz. Muy feliz.
No he localizado ningún vídeo de Keifer & compañía que expresara mi euforia así que la banda sonora en el ducado para hoy es mi canción favorita de ellos.
Cinderella. Shelter Me. Grandiosa canción y espectacular vídeo. Con saludo para Tipper Gore incluido.
Por eso cuando en lugar de coreografía toca cardiobox me mola. Básicamente consiste en imitar al ritmo de la música (horrible por cierto, un día tengo que hablar de lo espantosa que es la música de gimnasio y el esfuerzo mental que requiere impermeabilizar la mente) movimientos de kickboxing: ganchos, patadas, puñetazos… es agotador y bastante provechoso. Yo lo recomiendo porque no sólo es un ejercicio de cardio muy intenso, también, si una logra meterse en el papel, es muy relajante. Más que nada porque la gracia de esto es fingir que repartes leches como Chuck Norris y claro, eso requiere un enemigo, una jeta a la que imaginar que le estás metiendo una buena patada en la boca porque se lo merece. Y yo me meto en el papel a base de bien. Asustadita me quedé ayer cuando me vi la cara en el espejo.
Sin embargo sigo siendo una gran aficionada a la radio, una viciosa escuchante, como dice Pancracio Celdrán, de radio convencional y de esa maravilla de nuestro tiempo que me tiene absolutamente enganchada como a una yonqui: los podcast....especialmente en España. Es un chollazo. Todo el día “living la vida loca” y con el mayor aparato de publicidad imaginable ojo avizor para impedir que ninguna reprobación pase del murmullo o de las majaderías del tal Peñafiel que nadie puede tomar como crítica seria.
Se muere uno de los nombres más importantes de la literatura española de todos los tiempos y ni un solo miembro de esa numerosa familia funcionaria, con plaza sin oposición y de carácter hereditario, encuentra tiempo ni fuerzas para ir de Madrid a Valladolid, ni el viernes a la capilla ardiente ni el sábado al entierro.
El padre, el campechano, pasándolo teta en la Fórmula 1 en Bareihn; el hijo, que claro estaba muy cansado por haber asistido a la toma de posesión de Piñera … ¡el jueves, joder! mira que dudo que tuviera el cuello fastidiado por haber venido en clase turista y a Pucela se tardan dos horas desde Madrid. La madre, que por lo visto recien regresada de Chipre, vamos ni que viniera de Nueva Zelanda… la nuera, también miembro oficial de la Famlia Real, ni se sabe.
La ausencia de esta gente no disminuye en nada, absolutamente en nada, la relevancia de Delibes, faltaría más, pero a esos señores se les paga, precisamente, para este tipo de cosas, para que figuren como llamativos y caros floreros. Pues a figurar, joder.
Tom Petty. Is Good To Be King.
