¿Es arriesgado tener en tu haber un disco del que se han vendido, no sé, diez millones de copias y no tocar nada de él hasta la antepenúltima canción? Yo creo que sí, pero es que Europe, desde que decidieron reinventarse a principios de este siglo están sobrados y pueden con todo. Han podido con el peso de un megaéxito, una imagen sobrexplotada comercialmente, el desdén de un sector del público rockero y el olvido de las bandas que triunfaron en los 80.
Todo esto se lo han ganado con tres trabajos de una calidad excepcional, siguiendo los viejos patrones de las bandas clásicas que siempre les inspiraron pero desdeñando vicios de su época de gloria, que les ha proporcionado un buen número de seguidores jóvenes, gente que no vivió su explosión allá por el 86 y que mira a la banda sin los estigmas de aquel éxito brutal y toda la exposición superpopera que vino después. Supongo que por eso el viernes en La Riviera había talluditos como la que suscribe y gente de veintitantos. Ignoro cual sería la proporción de público masculino y femenino en sus conciertos ya que no pude ir cuando actuaron en 1989 (gracias papá) pero el otro día no difería de cualquier otro concierto de rock.
La música de Europe, la de antes y la de ahora, puede gustar o no gustar, pero tiene claro lo que quieren hacer y saben que lo hacen muy bien. En tiempos, y con razón, estaban en el saco de Bon Jovi. Hoy el hacer de un grupo y otro son como el día y la noche (¡avergüénzate Jon Bongiovi¡). Líbreme dios de ir por ahí convenciendo a nadie mientras no cobre por ser su agente de prensa, pero una cosa está clara: Europe se ha convertido con los años en un pedazo de grupo como una casa. John Norum es aclamado como gran guitarrista y capítulo aparte merece Joey que canta como Dios, cada año mejor, y eso es una verdad bíblica que defenderé con los puños si es menester. Se mete a la audiencia en el bolsillo sin alaracas de viejo sexsymbol sino con una gran simpatía y expresividad.
El público, por supuesto, flipa con Superstitious (a la que han tenido la habilidad de eliminar ese coro inicial un tanto desfasado) y se vuelve loco con Scream Of Anger (es curioso como los temas de Wings Of Tomorrow, el álbum que precedió a The Final Countdown se han convertido en clásicos entre la parroquia) pero las piezas del nuevo álbum son igualmente celebradas y coreadas, algo no tan habitual cuando se está presentando un álbum, claro que pelotazos como Get Ready o No Stone Unturned bien lo merecen. La reivindicación de su primera etapa es tal que para Open Your Heart escogen la versión antigua sobre la que regrabaron para Out Of This Wolrd (de hecho la presentan como tema de de Wings Of Tomorrow). Otro gran acierto es la versión acústica de Prisioners In Paradise.
Eso sí, para la traca final, la juerga, el repaso al álbum que les convirtió en estrellas mundiales, que para eso hemos venido a pasarlo bien: Cherokee y un temazo con uno de los arranques más molones que Madame recuerde, Rock The Night, puro rock de brincar y corear. Tras una breve parada vuelven para descargar la potentísima The Beast y, claro está, The Final Countdown que es pura celebración.
Entre lo negativo, poco, la duración, algo más de hora y media. Esta gente tiene repertorio para hacer un show de dos horas y pico fácil. Me gustaría poder echar la culpa a la sala, por aquello de ser viernes y tener que abrir como discoteca, pero no, es el show que vienen haciendo. Supongo que estoy mal acostumbrada. Entre lo alucinante, John Leven ¿duerme en una habitación como la de Michael Jackson? ¿mete la cara cada noche dos horas en el congelador? Tiene exactamente la misma cara que hace 25 años. Lo positivo: ¡¡¡¡no tocaron la jodida Carrie!!!!!!!
He tardado casi 21 años en verlos. Merecen la pena pero no pienso esperar tanto. Lo dijo Joey al despedirse, “next year” (apúntalo Girl From Lebanon)
Europe. The Beast (eso están hechos estos, unas bestias)




